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El autoritarismo
   

Los padres poseen una autoridad que les otorga la naturaleza por el hecho de ser padres; está asociada a la responsabilidad que tienen de educar a sus hijos.

La autoridad se fundamenta en la verdad , en la justicia, en el respeto y en la lógica. Si falta alguno de estos elementos, la autoridad se convierte en autoritarismo.

El objeto de la autoridad no es imponer la ley externa sino crear conciencia para que los hijos asuman sus responsabilidades.
No hay que confundir poder con autoridad.
El poder
se basa en la fuerza que tienen los padres para reprimir y someter, aprovechándose de la ignorancia, de la necesidad o de la indefensión de sus hijos. Este tipo de poder genera temor, odio y resentimiento.
La autoridad
se basa en capacidad que tienen los padres para estimular, convencer y motivar. El uso del poder genera esclavos, mientras que, el uso de la autoridad produce personas libres.
El autoritarismo es tan negativo para la educación como la permisividad.

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La falta de autoridad. La permisividad.

   

Los niños desarrollan una habilidad extraordinaria para manipular a los padres. Si los padres caen en la trampa, pierden autoridad en todos los aspectos; por lo cual, deben ser cariñosos y pacientes, pero también, lógicos, justos e inflexibles a la hora de imponer los principios y valores fundamentales.
La lógica, la justicia y la exigencia razonables no traumatizas a nadie; mientras que, el consentimiento, la indefinición y las decisiones contradictorias sí traumatizan.

Piensa antes de decir o no a su hijo. Analiza los pros y contras y una vez que ha decidido, debes actuar, debes cumplir lo prometido. Nunca se puede negociar una decisión tomada, a menos que las circunstancias cambien, porque perderías la autoridad y el respeto y generaría angustia e inseguridad en tus hijos

Es importante explicarles que los amas y por esta razón no estás dispuesto a aceptar conductas que pueden perjudicarles por el resto de su vida.

Los niños son muy hábiles para salirse con la suya, por lo cual, los padres deben ser inteligentes para no entrar en su juego.

Muchos padres se pasan el día dando órdenes, aconsejando y regañando, con lo cual se vuelven obstinantes y luego no tienen autoridad para inculcar principios y valores.

Es importante negociar con los hijos. Esta es una forma de escucharlos, de tomarlos en cuenta, de conocer sus ideas, necesidades e intereses; de mantener el diálogo abierto y de ayudarlos a madurar

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Falta de coherencia

   

Es importante que los padres tengan una idea clara sobre cómo actuar en cada situación, lo cual sólo es posible si conocen la estructura mental de cada uno de sus hijos (cómo es cada uno por dentro, cómo percibe la vida y las personas, cómo se percibe a sí mismo, cuáles son sus temores, preocupaciones, necesidades fundamentales e intereseses; qué estímulos (afectivos, verbales, premios) activan mejor sus conductas positivas.

Los padres deben establecer normas claras y racionales, explicar su alcance y determinar las consecuencias que acarrea el incumplimiento de las mismas. De este modo los padres no tendrán que enfrentarse a su hijo, ni convertirse en represores y castigadores y el hijo aprenderá a asumir las consecuencias de sus actos.

Por su parte, los padres deben ser siempre lógicos, tener conductas estables y actuar de la misma forma ante los mismos hechos. La falta de coherencia desconcierta a los niños y hace que los padres pierdan respeto y autoridad. Para tener coherencia es necesario que los padres conozcan lo necesario sobre psicología y pedagogía y tener criterios claros sobre los aspectos importantes de la vida.

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La falta de lógica, de de tacto o de oportunidad
 
Las cosas se imponen por la lógica que tienen. Las cosas lógicas son indiscutibles y se imponen porque son necearias. Cuando los niños no ven la lógica de las cosas hay que explicarles el por qué hay que hacer o dejar de hacer algo, pues el ser humano es racional y necesita razones para actuar. Pero no sólo es cuestión de lógica. Todos conocemos nuestro deberes pero con frecuencia no los cumplimos. Es necesaria la motivación. La motivación surge cuando hay interés y hay interés cuando las cosas son apetecibles por alguna razón.
Existe un principio básico de psicología según el cual, todos los seres vivos tienden a acercarse a lo que les agrada y a rechazar lo que les desagrada; por tanto, los padres deben aprender a hacer la vida agradable a sus hijos, para lo cual es necesario enseñarles el valor de todo lo que hacen y los beneficios que produce. La lectura, el estudio, la disciplina, recoger los juguetes, etc. puede resultar desagradable si se impone de forma represiva y poco pedagógica, pero también puede convertirse en un placer si se enseña con verdadera pedagogía
 
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Discrepancias entre los padres

Las discrepancias entre los padres a la hora de educar genera angustia e inseguridad en el niño, el cual no sabe a quién hacer caso. En esta situación el niño se encuentra entre la espada y la pared, pues, obedecer al papá significa desobedecer a la mamá o viceversa. El niño se siente impotente y culpable por no obedecer a ambos papás y teme que al desobedecer a uno de ellos, éste deje de amarlo.
El niño, por instinto de supervivencia, obedecerá al que demuestra tener más poder, aún sabiendo que no tiene la razón. De esta forma el niño aprenderá a sacrificar la verdad y la justicia con tal de sobrevivir y utilizará la fuerza en vez de la razón para imponerse a los demás. El día de mañana será una persona conflictiva y pagará las consecuencias de una programación errónea recibida en la infancia
Es fundamental que los padres lleguen a un acuerdo sobre la forma de educar a sus hijos y se apoyen mutuamente y nunca se contradigan ni critiquen delante de los hijos, porque ambos perderán el respeto y la autoridad, y, sin respeto y sin autoridad no hay educación.
Es conveniente elaborar un proyecto de vida familiar y un proyecto personal para cada hijo con el fin de centrarse en objetivos concretos e importantes.

   
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Ceder ante la presión o al chantaje
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Los niños desarrollan una habilidad extraordinaria para manipular a los padres. Si los padres caen en la trampa, pierden autoridad en todos los aspectos; por lo cual, deben ser cariñosos y pacientes, pero también, lógicos, justos e inflexibles. La lógica, la justicia y la exigencia razonable no traumatiza a nadie; mientras que, el consentimiento, la indefinición y las decisiones contradictorias sí traumatizan. Los niños son muy hábiles para salirse con la suya, por lo cual, los padres deben ser inteligentes para no entrar en su juego.
Muchos padres se pasan el día dando órdenes, aconsejando, regañando, con lo cual se vuelven obstianntes y luego no tienen autoridad para inculcar principios y valores. Deben establecer normas claras y racionales, explicar su alcance y determinar las consecuencias que acarrea el incumplimiento de las mismas. De este modo los padres no tendrán que enfrentarse a su hijo, ni convertirse en represores y castigadores y el hijo aprenderá a asumir las consecuencias de sus actos.

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Perder los estribos
   

A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.
Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...

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No cumplir las promesas ni las amenazas
   

El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.

Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien. Analice los pros y contras y una vez que ha decidido, debe actuar, debe cumplir lo prometido. Nunca se puede negociar una decisión tomada, a menos que las circunstancias cambien, porque perdería la autoridad y el respeto. Sin embargo, este es un error muy frecuente que revela indecisión por parte de los padres y genera angustia e inseguridad en los niños.
Es importante explicarle al niño que le aman y por esta razón no están dispuestos a aceptar conductas que pueden perjudicarle por el resto de su vida.

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No escuchar
   

No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.

Dodson dice en su libro El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.

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Exigir éxitos inmediatos
   

Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.

Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.

Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos

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