La infancia
     
La infancia se extiende desde el nacimiento hasta los 12 años. Los seis primeros años son los más importantes de la vida, debido a que en ese período se forman las estructuras mentales básicas, especialmente las afectivas, las cuales determinan su forma de ser, de percibir la vida, de sentir las cosas, de pensar y de actuar. De aquí la importancia de proporcionarle estímulos positivos y un buen método de aprendizaje que le ayuden a desarrollar hábitos mentales, autoestima y control mental.

El ser humano recibe estímulos ante los cuales reacciona. Si los estímulos son positivos (afecto, apoyo, valoración) las respuestas serán positivas. Con el tiempo esta forma de reaccionar se consolida y se convierte en hábito; es decir en forma constante de reaccionar.

Un niño que es educado con respeto y con amor, crece sano, espontáneo y sociable; tiene grabado en su mente un sentimiento de bienestar que le envía en forma constante mensajes de seguridad, de autoestima, de alegría, de motivación. El niño tiende a ser optimista, sociable y generoso; sabe ganarse el respeto y el apoyo de las personas y, en consecuencia, le irá bien en la vida.

Si, por el contrario, el niño no recibe suficiente afecto, respeto y valoración; si es criticado, reprimido o maltratado, entonces se graban en el subconsciente sentimientos de soledad, de temor, de impotencia y de angustia. Estos sentimientos hacen que perciba la vida, las personas y los acontecimientos como una amenaza y que tienda a reaccionar de forma defensiva, utilizando mecanismos de defensa. Los mecanismos de defensa son conductas impulsivas, irracionales y desadaptadas que, lejos de resolver, tienden a complicar las cosas.

Los niños son por naturaleza espontáneos, curiosos y creativos pero la "sociedad", comenzando por los padres, les reprime. Estudios realizados en Estados Unidos revelan que, de cada diez mensajes dirigidos por los padres a sus hijos, nueve son represivos. La represión puede ser brutal o sofisticada. La excesiva libertad y el consentimiento son también una forma de reprimir.

Los efectos de la represión son:

- Temor
- angustia
- inseguridad
- sumisión o rebeldía
- pérdida del interés
- pereza mental
- desadaptación
- dificultad para el aprendizaje
- dificultad para relacionarse, para hacer amigos.
- frustración
- baja autoestima.

En estas circunstancias el niño vive el sentimiento: Yo estoy mal. No me aman. No valgo. No puedo.

Lo importante de todo lo dicho es que estos sentimientos positivos y negativos grabados en la primera infancia marcan a las personas para siempre, influyendo para bien o para mal por el resto de su vida. De aquí la importancia de de cuidar la educación de los hijos, sobre todo, en los primeros años, pues, a partir de la adolescencia escucharán más a los amigos, a la televisión y a la calle.

Los padres programan a sus hijos para el éxito o para el fracaso.


Si quieres ayudar a tu hijo,
no lo dejes para mañana porque, tal vez, sea tarde.


¿Qué necesita un niño para triunfar y ser feliz?

1. Respeto, afecto, estímulo y orientación
2. Integrarse exitosamente en la familia, en la escuela y en la sociedad
3. Autoestima y seguridad
4.
Desarrollar hábitos, habilidades y capacidades
5. Un buen método de aprendizaje.

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Niños de 1 a 6 año
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Primaria