65
Cómo seleccionar los amigos
El ser humano es sociable por naturaleza. Necesita de una familia, de amigos y de la sociedad para sobrevivir y crecer.
En cada persona conviven ambas actitudes. Existe una tendencia natural a la amistad y a la vez, un recelo y un temor a la reacción de los demás. Lo importante es que predomine la actitud amistosa. Esta actitud depende de la educación recibida.
Durante los primeros años, el núcleo ideal es la familia que le proporciona todo lo que necesita para crecer sano y feliz, pero, a medida que va creciendo se produce un distanciamiento natural respecto de los padres y un acercamiento a los amigos. Es la fuerza del instinto que impulsa a adaptarse a nuevas formas de vida acordes con su edad, con sus necesidades e intereses.
El grupo de amigos le enseña a desarrollar las conductas sociales que luego le ayudarán a integrarse en la sociedad adulta. Además, el grupo de amigos le proporciona el sentido de pertenencia a la sociedad. Los amigos tienen sus mismo intereses, necesidades y lenguaje, de modo que le comprenden y le resulta fácil entenderse con ellos.
La necesidad de amigos surge especialmente al llegar la adolescencia. Los jóvenes tienen necesidad de salir de sí y del ambiente familiar en busca de nuevos horizontes. Necesitan liberarse de la tutela paterna para lograr su propia identidad; sin embargo, el hacer amigos, resulta una tarea ardua, debido a que la sociedad vive a la defensiva y, el grupo de amigos no escapa a esta realidad. Allí también se impone la lucha por el poder. Al final se producen los ajustes naturales y cada uno ocupa su lugar. Ese lugar es el que va a ocupar en la sociedad. Los más capaces imponen, de muchas formas, sus ideas y criterios y los más débiles son influenciados en forma progresiva.
La influencia de los amigos es muy grande debido a que existe gran ascendiente y confianza, de modo que, se aceptan las ideas sin crítica; además, la necesidad de ser aceptado genera un sometimiento pasivo.

Si los líderes son positivos la influencia es enriquecedora; en caso contrario, pueden debilitar y hasta echar por tierra el esfuerzo realizado por los padres durante muchos años.

La amistad es una relación natural que nace de la empatía, del respeto y de la confianza. La amistad no se compran ni se vende.

La amistad es muy delicada y para conservarla es necesario que siempre estén presentes el respeto, la honestidad y la confianza.
La amistad verdadera sobrevive a través de la distancia y del tiempo porque los amigos ausentes viven en el corazón, esperando el día de volver a encontrarse.
La verdadera amistad no busca ningún interés, sólo la satisfacción de compartir ideas y sentimientos...
La amistad es el mejor medio para la madurez emocional y social; por lo cual, es importante enseñar a los hijos a hacer buenos amigos y a conservarlos como un tesoro.
La amistad es un anhelo y una necesidad. El mayor trauma del hombre actual es la dificultad para hacer amistades, debido a que tenemos muchos temores y complejos que nos llevan a vivir con desconfianza y a la defensiva.
Trabajar en hacer amistades y en conservarlas es una buena inversión, pero, nadie puede hacer amistad con los demás, si antes no hace la paz en su corazón.
 
 
Cómo enseñar a los hijos a elegir amigos
El mal y el bien conviven en la vida. El mal y el bien no son solamente conceptos morales; representan realidades. El mal es la ignorancia, la envidia, el odio, la pobreza, la injusticia y todas las demás lacras sociales. El bien es la verdad, la justicia, la bondad y todas las cualidades y valores que constituyen el triunfo de la civilización sobre la barbarie.
La mayoría de los padres enseñan a sus hijos a ser honestos, pero deben enseñarles también a ser críticos para que puedan analizar las palabras y las actitudes de las personas y conocer quién es quién; de este modo sabrán elegir amigos y estarán protegidos contra las acechanzas del enemigo.
Los hijos inseguros, egoístas, consentidos e inmaduros, tienen dificultades para adaptarse al grupo, por lo cual, quedan marginados.
Educa a tus hijos para que crezcan con autoestima, capacidad, dignidad, simpatía y también con astucia, pues, la ingenuidad se paga muy cara; luego, confía en que sabrán elegir los amigos adecuados.
Los hijos creen que se las saben todas, sin embargo, carecen de experiencia, de astucia y de maldad, por lo cual, los padres deben conocer los amigos de sus hijos. Cuando un hijo se resiste a presentar sus amigos es porque sabe, de antemano, que sus padres desaprobarán su amistad.
Es conveniente informar a los hijo sobre las características del buen amigo para que las tengan en cuenta a la hora de elegir, y, una vez que han elegido amigos, no critiques su elección, porque esta crítica les llevará a actuar de forma defensiva, es decir, irracional; con lo cual perderás la posibilidad de orientarles posteriormente en relación con sus amigos.

Los padres deben ser inteligentes y evitar los consejos porque a los hijos no les agrada que les digan lo que deben hacer. Utiliza la sugerencia. Pregúntale, es una forma de obligarle a definirse. Por ejemplo. Hijo ¿Crees que fulano te respeta? ¿Crees que su amistad fortalece tu autoestima, tus valores, el respeto y amor a tus padres, tu deseo de superación, etc.?
Estas preguntas le obligan a pensar y a analizar a cada uno des sus amigos.

Elabora una lista de las cualidades propias de la persona desarrollada y del buen amigo; luego, educa a tus hijos en las mismas y tendrás la garantía de que serán grandes personas, serán buenos amigos y tendrán muchos y buenos amigos. Los padres no pueden proteger a sus hijos de la vida pero pueden enseñarles las claves del éxito.

Recuerda. Los primeros años son fundamentales en la formación de la personalidad. En realidad son los padres quienes programan a los hijos para el éxito o para el fracaso. Si los padres no hacen bien su tarea, la sociedad se encargará de programarlos.

Si crees que no ha educado bien a tus hijos y que ya es tarde para rectificar; no te desanimes. Nunca es tarde, porque las buenas ideas son tan poderosas que pueden ser asimiladas en cualquier edad.