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El arte de vivir
El objeto de la vida es “vivir”. Vivir significa: percibir, sentir, amar, crecer y crear.
Cada una de estas palabras expresa una aventura maravillosa. La vida es un llamado a abrir los sentidos para observar la grandeza y la belleza de la creación. Es un llamado a sentir y disfrutar todo lo que nos rodea; a conocer el significado de las cosas y el sentido de la existencia humana. Es un llamado a compartir afectos, ideas e ilusiones. Es un llamado a desarrollarse para ser lo más humano y lo más feliz posible.
Los únicos que saben vivir de verdad son los niños. Los “niños” viven el presente como una aventura maravilloso. Siente y aman lo que hacen. Viven inmersos en su que hacer, sin las culpas del ayer y sin las responsabilidades del presente y sin las angustias del mañana.
Son curiosos y creativos. Son pequeños "demiurgos" (dioses) que viven diseñando, a través de sus juegos, el mundo del mañana.
Los adultos llaman trabajo a sus actividades, mientras los niños sienten la vida como un juego, como una actividad libre, creativa y fascinante.
La sociedad, ignorante, represiva y pragmática impone sus leyes y el juego libre, creativo y fascinante es sustituído por una disciplina y por exigencias escolares que tienen muy poco que ver con sus intereses y necesidades. Ahora no queda tiempo para soñar, para crear ni para disfrutar; se impone el deber, la competencia , las tareas interminables y la responsabilidad; el niño comienza a sentir miedo, a dudar de sí mismo y a dudar de los demás. Teme al maestro, teme al estudio y teme los exámenes, porque pueden evaluarle, juzgarle y condenarle a la burla y al escarnio de los demás.