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| “Un hombre tenía dos hijos y el menor dijo a su padre: “Padre dame la parte de la herencia que me corresponde”. El padre repartió la herencia. A los pocos días el hijo reunió todo y se marchó a un país lejano. Allí malgastó toda su fortuna viviendo pródigamente”. |
Hoy son muchos, demasiados, los hijos pródigos que son atraídos y engañados por una sociedad que ofrece a manos llenas placeres y libertades. |
Placer y libertad es lo que más anhela el ser humano, especialmente los jóvenes, quienes se embarcan sin pensarlo en la vorágine de la vida. |
Sin darse cuenta van perdiendo principios, valores...y se “adaptan ” al ritmo de una sociedad materialista que les conduce inexorablemente a la droga, al alcohol, a la prostitución y a otras muchas formas de corrupción y delincuencia. |
Deslumbrados por los placeres y por la sensación de libertad, no tienen conciencia de las consecuencias de su conducta y encuentran mil razones para justificarla. Definitivamente, están atrapados; pero, la vida no perdona y surge la frustración como un S.O.S. que les advierte de su error, pero tienen debilitada la conciencia moral, por lo cual, carecen de fuerza para rectificar. |
“Cuando el hijo pródigo hubo gastado todo, sobrevivo una gran hambre en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. |
Se fue a servir a casa de un hombre del país que le mandó a cuidar cerdos. Deseaba llenar su estómago con las algarrobas que comían los cerdos, pero le estaba prohibido. Entonces reflexionó y se dijo: “Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra y yo aquí me muero de hambre”. “Me levantaré, iré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de que me llames hijo, pero recíbeme como uno de tus trabajadores”. Se levantó y fue a casa de su padre...San Lucas 15, 11-22. |
El ser humano es racional y podría extraer en forma rápida la lección de la vida pero, desgraciadamente, es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra. |
El dolor, el fracaso y la frustración son grandes maestros que obligan a reflexionar y a buscan el camino de regreso a casa. |
Mientras el hijo pródigo reflexiona y regresa al hogar, lo único que pueden hacer los padres es rezar, esperar y mantener las puertas abiertas (las de la casa y las del corazón) por si algún día el hijo decide regresar. |
¿Cómo evitar que los hijos tengan la tentación de huir del hogar? |
Cuando un hijo tiene en su casa el afecto, el respeto, la disciplina y la libertad que necesita, jamás tendrá el deseo de huir. Ni la represión ni el consentimiento atan los hijos a la casa. Les ata la conciencia del valor que tiene la familia y el afecto que les une a ella. Cuando la conciencia y el afecto son débiles; cuando no tienen raíces, el viento los lleva en cualquier dirección . |
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