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El hijo discapacitado
Al escribir este capítulo lo hago con tristeza pensando en tantos niños a quienes la vida les ha negado lo más valioso: Salud e inteligencia; pero a la vez lo escribo con la esperanza de aportar un poco de luz a muchos padres que luchan y sufren solos.
Desde siempre los padres han recibido el nacimiento de un hijo como una bendición del cielo; pero cuando llega un hijo discapacitado el corazón se pone chiquito y la angustia se instala en el hogar. ¿Por qué a nosotros?, ¿Qué pecado hemos cometido?

Un hijo discapacitado marca la vida de toda la familia para siempre. Con los años se acaba por aceptar esta realidad. Pero un hijo discapacitado no es necesariamente una desgracia. Este suceso hace que los padres y los hermanos maduren sus sentimientos y desarrollen bondad, comprensión, paciencia y vivan la vida con mayor profundidad.

En una sociedad tan materialista como la actual, defensora del aborto y de la eutanasia, es digno de admiración y de respeto, el ejemplo de miles de padres que aceptan valientemente el reto de un hijo discapacitado.
Como las casos de discapacidad son muy variados, me limito a ofrecer algunas ideas generales que cada quien puede aplicar a su caso concreto.
•  La sociedad es ajena e insensible al dolor y a los problemas de los demás; por tanto, los padres deben aceptar que su hijo es un problema familiar y que es en la familia en donde deben resolverlo básicamente.
•  Existen instituciones que ofrecen educación especial, pero debemos ser realistas. Estas instituciones no pueden ofrecer la dedicación personal, constante, paciente y afectuosa que necesita su hijo.
•  Lo ideal es que los padres se capaciten para actuar directamente pues es indispensable aprovechar todas las oportunidades que ofrece la vida familiar para desarrollar capacidades, hábitos y habilidades.

•  En realidad yo no soy especialista en niños discapacitados, pero hace unos años me comprometí en la recuperación de Nathaly, una niña de 4 años con una lesión cerebral severa que le afectaba el área del lenguaje, apenas articulaba, en forma confusa, unas pocas palabras. Varios especialistas recomendaron a los padres someterle a una terapia de lenguaje. Mi opinión era otra: Consideré que en vez centrarse e invertir la energía y el tiempo en la solución del problema verbal, era preferible desarrollar simultáneamente todas las áreas de la inteligencia y de la personalidad. Es decir, trabajar con Nathaly como si fuera una niña normal. El centrarse excesivamente en el problema concreto tiene dos inconvenientes: Hacer sentir al niño su incapacidad y dejar de desarrollar otras áreas que son las que al final le van a ayudar a adaptarse a la vida.

Los niños discapacitados tienen bloqueados el cuerpo y la mente; son lentos, inseguros, temerosos e indecisos; por tanto, el entrenamiento debe ser como un juego en el que nunca se pierde porque el único objetivo es aprender.
La lentitud hace que pase el tiempo sin obtener resultados significativos, por lo cual el objetivo fundamental es encontrar la forma de desarrollar procesos mentales más fluídos. Se trata de enseñarle a percibir, procesar y reaccionar más rápido cada vez. Esta debe ser la prioridad en todo, pues, en la medida en que se desarrolle desde el punto de vista psicomotriz podrá lograr más objetivos.
Teniendo en cuenta todas estas razones diseñamos un plan de acción, orientado a liberar el cuerpo y la mente, consistente en ejercicios de velocidad, ritmo y control; observación, reflejos, gimnasia, danza, canciones infantiles, memoria, etc. Estos ejercicios deben ser cortos, variados, agradables y habituales. Como lo más importantes es liberar del temor y adquirir habilidades, no se debe dar importancia a los errores.
En forma progresiva hay que incrementar la velocidad y la dificultad de los ejercicios, de modo que se sienta obligado a realizar un esfuerzo constante, pero este esfuerzo debe ser coronado generalmente con el éxito. Se trata de ascender de escalón en escalón. A veces dará la impresión de que su hijo no progresa; ocurre que, el cerebro está realizando ajustes internos para luego dar un paso importante.
Lo cierto es que, con cariño, paciencia y constancia logramos desarrollar altos niveles de motivación, atención, disciplina, inteligencia, autoestima y adaptación, lo cual le permitió ingresar en un colegio normal, en donde funciona en forma más que satisfactoria. Al desarrollar todas las áreas de la inteligencia y de la personalidad, el área afectada resulta menos traumática. Nathaly aún tiene serios problemas de expresión pero las otras cualidades compensan con creces su deficiencia verbal. De modo que, deje un poco de lado el diagnóstico de los especialistas y tenga fe en su trabajo, en la capacidad de su hijo y en el deseo profundo que tiene de salir de su problema. Aunque a veces no vea resultados, siga actuando que su esfuerzo ayuda a su hijo de alguna forma. Los milagros existen. Todos conocemos casos de niños discapacitados, que desafiando todos los diagnósticos sorprendieron al mundo entero.
Con frecuencia se instalará la frustración en el hogar por no alcanzar los objetivos esperados, pero más que centrarse en los logros materiales, con frecuencia esquivos, hay que pensar que cada esfuerzo realizado, tanto por parte de los familiares como por parte del hijo, genera una energía que nutre el espíritu de todos. Esta visión espiritual transcendente, hace que todo esfuerzo adquiera valor más allá de su eficacia.
•  Las personas discapacitadas tienen poca resistencia mental; por lo cual es recomendable que los periodos de trabajo sean cortos, dinámicos y agradables.

•  Dirija la acción al logro de habilidades y de conocimientos prácticos, Simplifique las cosas. Enséñele solamente lo fundamental. Establezca un plan de acción para evitar caer en la rutina estéril.

•  Los primeros años son fundamentales para el desarrollo de modo que, tome las medidas necesarias antes de que sea tarde.
•  Ayúdele a ser lo más independiente posible. No se deje llevar por la compasión. No le sobreproteja. En lo posible, trátele como a un niño normal. Deje que luche y aprenda a aceptar la sus límites y la frustración.
•  El amor, la paciencia y la fe en su capacidad son necesarias para educar a todos los niños, pero en el caso de los niños discapacitados son condición sin la cual no funcionan.
•  Enséñele el orden, la disciplina y la constancia porque estas cualidades le ayudará a aprovechar al máximo su potencial.
•  Todo niño tiene una capacidad y un interés para algo que puede servir de punto de partida para el desarrollo de otras muchas cualidades.
•  Reparta responsabilidades entre los miembros de la familia. Qué hace cada uno, cómo y cuándo.
“Los niños discapacitados son seres de luz que vienen a enseñarnos la simplicidad de la vida, la fragilidad del ser humano y la necesidad de la tolerancia y de la solidaridad”.