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El poder del ejemplo

La educación es un proceso de socialización a través del cual los padres imponen sus patrones de conducta
El ser humano tiende a imitar la conducta de los demás, especialmente la de los padres porque son los seres que influyen directa y constantemente en su supervivencia y además porque les aman, les admiran y conviven habitualmente con ellos.
Hay que enseñar a los hijos que los padres no son perfectos, son de carne y hueso.
Los padres deben aceptar sus límites, sus errores y sus defectos. Este reconocimiento no debilita su autoridad, por el contrario, la fortalece. Los hijos admiran la honestidad.
Unos padres honestos tienen el poder de llegar a la conciencia de sus hijos. Pero, además de honestos deben ser lógicos y oportunos; pues no es suficiente con tener la razón, es necesario encontrar el momento oportuno para que esta razón sea aceptada. La educación es un diálogo entre dos partes, padres e hijo. De poco vale que el padre hable con la verdad si el hijo no tiene una actitud receptiva.
Es importante desarrollar en los hijos condiciones de afecto, respeto y admiración por su familia, de modo que se sientan orgullosos de pertenecer a ella. Como ya hemos señalado, un niño sin referencia familiar queda atrofiado física, psíquica e intelectualmente.
La vida es evolución. Los padres están programados de acuerdo a viejos patrones y deben realizar un esfuerzo constante para liberarse de lo arcaico sin perder lo sustancial. Deben ser un ejemplo de fidelidad a sus principios y valores, pero a la vez, deben ofrecer una imagen renovada, abierta a los cambios necesarios.

Los padres deben evitar proyectar sobre los hijos sus angustias, temores, complejos y frustraciones. Creo que ningún padre desea que sus hijos sean una copia de lo negativo de su personalidad.

Deben expresar lo mejor de sí, conscientes de que son observados en todo momento y que, a través de su conducta y actitudes programan constantemente a sus hijos para el éxito o para el fracaso.
En una sociedad que se perfila cada vez más confusa, el mayor bien que puede obsequiar a sus hijos es proporcionarles, a través de su conducta, una definición clara de los principios y objetivos por los cuales vale la pena vivir y luchar.
Recuerda que un ejemplo vale más que mil explicaciones