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El poder de la palabra

La palabra de Dios crea el mundo. La palabra de la verdad convence.
La palabra del amor conquista. y la palabra del charlatán se la lleva el viento.
“En el principio existía el Verbo (Palabra) y el Verbo era Dios.” Y dijo Dios:“ Hágase la luz ...” Desde entonces la palabra es poder creador.
En el principio de la prehistoria el hombre era un simple animal dominado por el instinto, pero el día que aprendió el uso de la palabra, comenzó a pensar y se convirtió en racional y humano.

La palabra activa el cerebro y el corazón. Sin la palabra el hombre sería un ser vacío, sin ideas y sin sentimientos.

El lenguaje programa y condiciona la mente. Cuida tu lenguaje porque él te modela, día a día, en forma consciente e inconsciente, a ti y a tus hijos. Utiliza el lenguaje asertivo. Asertivo significa: afirmativo, lógico, ético, estimulante, inteligente, persuasivo, convincente, comprensivo, tolerante, solidario, productivo, eficaz, exitoso, feliz. Ausencia de: duda, ignorancia, queja, culpa, crítica, envidia, temor, egoísmo, agresividad y mentira.
La asertividad más que un concepto es una actitud vital.
Quienes son educados con respeto y con amor, perciben el mundo en positivo, sienten, piensan y actúan en positivo.
El lenguaje positivo produce vibraciones superiores, que actúan como aura protectora y además, generan energía positiva, la cual estimula al emisor y llega sin obstáculos a la mente y al corazón de las personas.
La humanidad ha tardado más de un millón y medio de años para crear un lenguaje rico, sabio y poderoso que ahora está a tú disposición. Evita el lenguaje negativo de los frustrados, porque además de contaminar tu vida, desgraciará la vida de tus seres queridos. Si tienes algo positivo que decir, habla, si no, calla.
La palabra es un arma de doble filo, posee el poder creador, sanador y motivador, cuando va cargada de respeto, de afecto y de sabiduría; pero es destructora y mortal, cuando expresa mentira, envidia o frustración
A través de la palabra tenemos acceso al propio espíritu y al espíritu de los demás, lo que conlleva un compromiso y una responsabilidad consigo mismo y con la sociedad.
Ser dueño de la palabra es ser dueño del mundo. Los poderes establecidos lo saben muy bien, por eso controlan de muchas formas el pensamiento y la palabra.
Cuando la palabra lleva la fuerza de la verdad, de la justicia y del amor, es invencible e inmortal. Confucio, Buda, Cristo, Gandhi, Martín L úter King y otros muchos, murieron por sus ideales de justicia y libertad, pero siguen vivos en el corazón de los hombres, convertidos en fuerza incontenible que avanza hacia la libertad.
Las palabra adquiere fuerza especial cuando se refiere a principios, valores y decisiones que repercuten en nuestra vida.
La educación es básicamente un condicionamiento realizado a través de la palabra. Los padres y maestros tienen un poder especial sobre los niños debido a su ascendiente moral. Si su lenguaje es estimulante, les programan para crecer con seguridad, motivación y éxito; pero si su lenguaje es crítico y humillante, entonces les programan para ser tímidos, inseguros y fracasados.
Como podemos observar, el destino de la mayoría de las personas se fragua en la infancia.

Los griegos consideraban la palabra como un don de los dioses. Dar la palabra tenía el valor de un juramento o de un escrito.

El poder de la palabra se manifiesta especialmente en los ritos, oraciones, ensalmes, "mantras" y bendiciones religiosas.

La confesión y ciertas terapias psicológicas son formas de catarsis en las que se apoyan en el poder de la palabra.
Necesitamos recuperar el significado de la palabra, la verdad de la palabra, la magia de la palabra.
El mayor poder del lenguaje es el subliminal (lenguaje inconsciente) que entra en la mente en forma sutil y luego actúa con plena autonomía.
El lenguaje directo suele chocar con las defensas de las personas, porque a la gente no le agrada ser dirigida o mandada, por lo cual se recomienda el lenguaje indirecto y sugerente; de este modo los hijos no se sienten aludidos, ni amenazados y permanecen en actitud receptiva.

Pensamos, soñamos y creamos en base a palabras; de aquí la importancia de cultivar un lenguaje positivo y de calidad.

Los triunfadores se alimentan de lecturas, de palabras y de pensamientos de éxito; mientras que los fracasados viven lamentándose, quejándose y culpando a la gente y al destino de sus desgracias.
“Somos lo que somos, porque pensamos como pensamos y hablamos como hablamos”. Nuestros pensamientos y nuestras palabras nos modelan lenta pero profundamente.
Repita con fe este mensaje: “Yo soy inteligente y estoy triunfando en la vida”. Si lo repite con frecuencia, terminará por convertirse en convicción y la convicción creará las condiciones, para que se haga realidad.
“ Yo soy inteligente y estoy triunfando en la vida”. significa muchas cosas, según el caso, como: Yo soy importante, yo valgo mucho, nadie puede hacerme daño, etc. Lo importante es que proporciona paz, seguridad, valor, iniciativa y decisión. Puede repetirse otros mensajes que le proporciones valor.
Necesitamos aprender a jugar con las palabras; conocer sus secretos, su significado, su música, su poder; poseer la habilidad para construir con ellas un camino que lleve al corazón y a la inteligencia de las personas.
Es conveniente elaborar para sí y para los hijos mensajes en positivo, de acuerdo a lo que se desea lograr y repetirlos constantemente hasta que se conviertan en una creencia firme.