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El divorcio

La familia es la célula de la sociedad. La familia constituye el hogar. Hogar significa calor, fuego, el lugar más importante de la tierra, en torno al cual ha transcurrido durante miles de años la vida de los seres humanos.
El hogar significa además, seguridad, alimento, afecto, pertenencia, protección; cualidades indispensables para que los niños crezcan sanos y felices. Un niño sin hogar es un niño sólo, abandonado, sin presente y sin futuro.
En el hogar se desarrolla la afectividad, el lenguaje, la inteligencia, los principios, los valores y los criterios que constituyen la estructura de la conciencia y que garantizan el desarrollo y la libertad. Cuando el hogar no funciona, los niños crecen mentalmente mutilados. De aquí la importancia de cuidar los hogares, porque en ellos se juega el futuro de la humanidad.
Las columnas del hogar son los padres. El entendimiento y la armonía deberían ser la atmósfera habitual del hogar, por el bien de todos; pero la sociedad es víctima de numerosas crisis: Religiosa, moral, económica, social, etc. que hacen que las personas y las instituciones estén a la deriva.

Cada día se incrementa el número de divorcios y los niños son las principales víctimas por muchas razones:

•  Porque son débiles y al desintegrarse el hogar, se sienten sin protección en un mundo hostil.
•  Porque, en general, el divorcio es la culminación de años de desavenencias, durante los cuales, los hijos indefensos, han tenido que soportar peleas interminables de los padres.

•  Porque la mayoría de los divorcios terminan sin un pacto por el bien de los hijos; los cuales son utilizados por los padres como carne de cañón.

Estamos conscientes de que la vida en matrimonio exige una entrega generosa, pero también es una oportunidad única para crecer. Y si al final se impone el divorcio; lo importante es realizarlo en forma civilizada, de modo que, los hijos sientan que siguen teniendo un padre y una madre que les aman y que velarán siempre por ellos.
Muchos jóvenes se casan con la idea preconcebida de que si las cosas no funcionan, recurrirán al divorcio; de este modo, el matrimonio, considerado como la institución fundamental de la sociedad, se convierte en un simple contrato de oportunidad. Los cónyuges no están dispuestos a una entrega paciente y generosa y sin estas premisas no puede sobrevivir el matrimonio.
El matrimonio debe realizarse desde el Adulto. La relación Adulto - Adulto se basa en dar y recibir, en crecer y ayudar a crecer, de modo que cada cónyuge pueda satisfacer sus necesidades y realizar sus propios proyectos.
Se trata de compartir en forma sincera y responsable pero sin sentirse atrapado.

Un matrimonio realizado desde el Niño ( basado en la emoción y en el romanticismo) carece de base, porque cada cónyuge busca “caricias” pero no está presente el Adulto que es el único que puede darlas.

Una investigación realizada por la Universidad de Virginia sobre 98 niños de 5 a 19 años, aportó las siguientes conclusiones:
•  Los adolescentes de14 años se involucran más en el conflicto que los hijos mayores, tal vez porque éstos tienen sus propios problemas a la hora de adaptarse al medio social y se interesan menos por los problemas ajenos.
•  Cuando la discusión termina por agotamiento, sin que ninguno reconozca su responsabilidad, queda un ambiente tenso que es una amenaza permanente de una nueva discusión. Esta situación hace que los hijos vivan en estado de alerta constante, lo que genera un gasto inmenso de energía, angustia y estrés.
•  Cuando uno o ambos de los padres se disculpan, baja la tensión, aunque no se haya eliminado la raíz del problema; Esta situación hace que los hijos se relajen y sientan que pueden vivir en paz por el momento. Sin embargo, en su mente queda la angustia de que en cualquier momento volverá a surgir un conflicto.
•  Cuando se termina con un compromiso, los hijos quedan satisfechos.
•  Las disputas continuas son más graves que la indiferencia.
•  La sumisión de uno de los cónyuges fue más aceptada por las niñas que por los niños.
Además de lo que sufren los hijos, por causa de las discusiones de sus padres, existe una consecuencia tal vez más grave: Los hijos aprenden a resolver sus diferencias de la misma forma en que lo hacen sus padres, de modo que, cuando sean padres, tenderán a aplicar el mismo patrón de conducta que sus progenitores; con lo cual, la alienación se transmite de generación en generación. Para evitar esta contaminación, le recomendamos educar a sus hijos en los métodos que le ofrecemos para resolver los conflictos.
Credo para mis relaciones
Tenemos una relación que yo valoro y que quiero conservar, pero cada uno de nosotros es una persona separada, con sus necesidades propias y el derecho a satisfacerlas.
Cuando tengas problemas para satisfacer tus necesidades, yo trataré de escuchar con sincera acogida, para hacer más fácil que tú encuentres tus propias soluciones, en vez de que dependas de las mías. Por mi parte respetaré tu derecho a elegir tus propias creencias y tus propios valores por diferentes que sean de los míos.
Sin embargo, cuando tu comportamiento interfiera con lo que yo deba hacer para satisfacer mis propias necesidades, te diré franca y abiertamente, en qué forma me afecta tu comportamiento, confiando en que tú también respetes mis necesidades y mis sentimientos y trates de cambiar lo que es inaceptable para mí. Del mismo modo, cuando algún comportamiento mío resulte inaceptable para ti, espero que me lo digas franca y abiertamente, para que yo trate de modificar mi conducta.
En aquellos casos en los que encontremos que ninguno de los dos puede cambiar para satisfacer las necesidades del otro, debemos reconocer que tenemos un conflicto y comprometernos a resolver cada uno de esos conflictos, sin que ninguno de los dos recurra a estrategias inadecuadas, como serían el uso del poder, el culpar o el hacerse la víctima, con el fin de ganar a expensas de que el otro pierda, porque esta fórmula conduce al fracaso de ambos.
Las relaciones humanas sólo funcionan cuando se basan en el respeto, en la comprensión, en la responsabilidad y en la lógica. Así que, busquemos una solución que sea aceptable para ambos. De este modo serán satisfechas tus necesidades y las mías y entonces ninguno perderá, todos ganaremos
Tú podrás proseguir tu desarrollo como persona, mediante la satisfacción de tus necesidades y lo mismo podré hacer yo. Nuestra relación puede ser saludable y ambos podremos llegar a ser lo que somos capaces de ser”.