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Saber escuchar

Escuchar es hacer silencio en el alma para oír voz débil y profunda de la propia conciencia y de la conciencia de los hijos.
Escuchar es percibir el movimiento interno del espíritu humano y llegar al corazón para conocer sus secretos, sus necesidades, sus motivaciones, su miserias y sus aspiraciones.
Escuchar es prestar atención al grito de angustia de la gente que suplica ayuda y orientación.
Escuchar es sentir el palpitar de la historia e interpretar los signos de los tiempos, para lo cual es necesario integrarse en la vida y nutrirse de la cultura.
Es ser receptivos, eliminar las actitudes defensivas. Es dar la mano franca y sincera.
Es hacer el bien sin esperar que te reconozcan ni te agradezcan. “Haz bien y no mires a quién”.
El hecho de escuchar a alguien significa que le respetamos, que comprendemos su posición, aunque no la compartamos necesariamente y que entendemos sus razones, aunque no estemos de acuerdo con ellas.
La naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola lengua para que escuchemos el doble de lo que hablamos
Tus oídos deben ser sensibles como un radar, capaces de escuchar y captar no sólo lo que dicen tus hijos sino también lo que sienten en el fondo de sus ser
Cuando desees conocer los intereses, motivaciones o preocupaciones de tu hijo, entra en el silencio de tu espíritu, pon a funcionar tus mejores sentimientos y luego , escucha, escucha, escucha. La clave del conocimiento y del éxito está en saber escuchar los mensajes de dentro y los mensajes de fuera.
Cada persona tiene un esquema mental, una filosofía de la vida, una forma de sentir y de comportarse. El hecho de escuchar no consiste en oír las palabras sino en comprender la realidad profunda que se esconde detrás de las palabras. Hoy se habla mucho de democracia y de diálogo pero estos conceptos son simplemente formulismos. La realidad es otra. Somos hijos de una educación represiva milenaria, por lo cual, tenemos muchas dificultades para comprender y aceptar a quienes no comparten nuestras ideas. Necesitamos realizar un esfuerzo constante para ser honestos y aceptar que cada hijo tiene derecho a decidir su propia vida. Los padres sólo podemos tratarles con amor y ayudarles a desarrollar una conciencia que les guíe por el camino del bien; pero en realidad: "Tus hijos no son tuyos, son hijos de la vida"
Deja que hablen con libertad y que expresen sus ideas, sentimientos y temores, porque, sólo así, puedes conocer los secretos de su corazón.
Es importante lo que sabes acerca de tus hijos pero es más importante conocer lo que sienten ello de sí mismos.
Los padres que saben escuchar activamente, es decir, tratando de entender los sentimientos y las razones de sus hijos, adquieren el derecho y el poder de aconsejar. Pero lo ideal no es aconsejar, sino orientar y crear conciencia para que sea cada hijo quien encuentre sus propias soluciones.
Las personas adultas tienen muchos defectos, uno de ellos es el de no escuchar a los niños y jóvenes; porque piensan que sus problemas o inquietudes no son importantes. Todo lo que le ocurre a un hijo es importante, por lo cual, debe ser escuchado y tomado en cuenta. Si es escuchado aprenderá a escuchar.
Con frecuencia, el solo hecho de escuchar es suficiente para que se sientan bien y desaparezcan sus preocupaciones. El hecho de escuchar a un hijo significa que le respetamos, que le amamos y que sus opiniones son importantes para nosotros. Esta actitud es fundamental para el desarrollo de la autoestima.

El hábito de escuchar abre las puertas a la confianza, de modo que el día de mañana, serás confidente de tus hijo y tendrás acceso a los secretos de su corazón; con lo cual, tendrás un poder inmenso para influir positivamente en su vida.

Lo más importante de la cultura es la palabra, pero ésta sirve de muy poco si no la utilizamos para relacionarnos a través de un diálogo nutritivo.