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Educación Liberal

Libertad, igualdad y fraternidad” fue el grito de la Revolución Francesa que resonó en la conciencia dormida del mundo en 1789. Este acontecimiento fue tan importante que dio inicio a la Edad Contemporánea.
Este concepto liberal adquirió fuerza y se impuso en el campo político, económico, social y moral.
Este principio, aplicado a la educación, exige el respeto a la individualidad y a la iniciativa de cada persona, pero llevado a su extremo resulta muy peligroso porque los niños y los jóvenes carecen de experiencia y por tanto, están desprotegidos frente a una sociedad que tiene conceptos muy confusos acerca de la verdad, de la justicia, de la libertad y del amor. En esta situación los jóvenes no saben qué creer ni en quién confiar. Arrojados sin rumbo a la vida no les queda otro remedio que aprender por cuenta propia, lo cual es altamente peligroso, cuando se trata de decisiones humanas, pues hay errores que no se pueden subsanar y hay caminos que no tienen regreso,
Yo sé y, seguramente que tú también sabes, de muchos padres que viven cada día la angustia de un hijo pródigo porque le dieron demasiada libertad y el hijo, ingenuo e inexperto cayó en la trampa de la vida.
Si tenemos en cuenta que la humanidad ha tardado miles de años para aprender a vivir, resulta ingenuo, creer que un niño, dejado de la mano, puede aprender a vivir en una sociedad tan conflictiva.
Por otra parte, quienes se oponen a la educación tradicional, con el pretexto que reprime la mente de los niños, se olvida de que todos los días, la sociedad nos programa, a través de los medios de comunicación, para que seamos fieles servidores de sus intereses.
Si la libertad nace de la conciencia como ya hemos señalado, entonces, antes de dar libertad hay que crear conciencia. Por tanto. ¿Cuánta libertad hay que dar a los hijos? _ La que saben administrar de forma eficaz y responsable.
Hay que enseñarles que los derechos y la libertad son una conquista personal.
Una persona libre y sin conciencia es simplemente un animal salvaje, un azote para la sociedad.
Cuando un hijo comprende que el desarrollo es condición para la libertad y para todos los beneficios que ofrece la vida: (Autoestima, seguridad, inteligencia, éxito, respeto, riqueza, bienestar...), en ese momento y, sólo en ese momento toma las riendas de su vida.
A simple vista, parece que vivimos en una era de libertades. Cada quien puede hacer con su vida lo que le da la gana; pero resulta que la libertad no consiste en hacer la propia voluntad sino, en hacer lo que se debe hacer porque es lógico, justo y conveniente.
Necesitamos enseñar a los hijos el verdadero concepto de libertad. El hombre sólo es libre cuando respeta los principios que conducen al desarrollo. El libertinaje, tarde o temprano y, más temprano que tarde, conduce al fracaso y a la frustración.
Cada día se incrementa el número de padres liberales que dejan a sus hijos de la mano y les lanzan a la vida. Dicen que, para que adquieran experiencia y se hagan hombres. A primera vista, parece un buen método para madurar, pero las cosas no son así. Los jóvenes carecen de experiencia y de criterios para seleccionar lo bueno de la vida; son ingenuos, crédulos y débiles; se dejan llevar por lo inmediato, por lo fácil y por lo placentero, sin prever las consecuencias de sus decisiones.
La experiencia indica que los hijos de padres liberales son igual o más inseguros que los hijos de padres tradicionales. Las razones son muchas pero podemos resumirlas diciendo que: Los hijos de padres tradicionales suelen tener muchas inhibiciones mientras que, los hijos de padres liberales, se sienten solos y desorientados en un mundo que les resulta “ancho y ajeno”, sin caminos, sin hogar y sin metas.
La libertad tiene un valor infinito pero, cuando se nos regala sin límites, pierde su atractivo. La historia y la libertad de los pueblos, tiene tanto valor porque está hecha con el esfuerzo, con el sacrificio, con la angustia y con la sangre de millones de personas durante miles de años.

Los seres humanos no necesitan toda la libertad del mundo; sólo la necesaria para crecer y ser felices.